Soy Abraham Lipa Burd, nací el 10 de Marzo de 1924 y llegué con mis padres de Ucrania con 2 años de edad, naturalizado argentino soy porteño 100%.

Mis primeros años en La Boca, fueron determinantes para amar el arte y la pintura en general ya qué en mis ratos libres iba a pintar «a mi manera» los barcos del riachuelo, eran los años de pre guerra. Luego fui a Bellas Artes y ahí bajo la dirección de los maestros Antonio Berni y Onofre Pacenza adquirí la técnica y un poco de oficio.

Me dedicaré a uno en especial: Eduardo Jonquieres… gran poeta y pintor, trabajaba en la embajada de Francia al lado del señor Rober Weibel Ricard, agregado cultural de Francia. Yo lo iba a ver a menudo porque le había pedido que me consiguiese una beca para estudiar con André Lothe en Francia.

Me dedicaré a uno en especial: Eduardo Jonquieres… gran poeta y pintor, trabajaba en la embajada de Francia al lado del señor Rober Weibel Ricard, agregado cultural de Francia. Yo lo iba a ver a menudo porque le había pedido que me consiguiese una beca para estudiar con André Lothe en Francia. La primera vez que lo vi en la embajada me sorprendió, hablaba como un francés típico, fui su discípulo y fue el mismo Jonquieres quien me presentó a León Ferrari, con quien nos caímos en gracias y nos comenzamos a frecuentar. Era frontal y combativo, muy simpático, tenía ideas geniales y sumamente exclusivas. Su arte no se parecía a nadie conocido, hablábamos mucho de políticas, era gobierno peronista, aunque él no era comunista como nosotros, tenía un pensamiento crítico.

Nos integramos como amigos mutuos, como el Ing. Rapoport, que era el jefe de él en Grafa y le presenté a otros como Luis Seoane, viejo amigo de años, Spilimbergo, Castagnino, Berni, la bailarina María Fux, los hermanos Julio y Luis Barragan, la esposa de Seoane que cantaba conmigo en las reuniones y otros. Me olvidé de muchos.. también se relacionaron nuestras esposas, Alicia esposa de León y Esther mi esposa, que era médica endocrinóloga y luego se sumó la hermana de Alicia, médica también (no recuerdo su nombre) que hablaba mucho con mi esposa de la profesión y los hospitales, la esposa de Luis Barragán que era judía, congeniaba mucho con mi esposa también.

Con mi esposa visitamos la casa de León en Castelar donde vivían y tenían su taller y habían montado con sus hermanos una fábrica de óxido de tantalio que vendía a Grafa y otras textiles para teñir los tejidos.

León trabajaba como Ingeniero en Grafa y yo en una agencia de publicidad de capitales ingleses. León y Alicia visitaban nuestra casa de la calle Terrero, en Flores, y al lado vivían mis suegros y la hermana de Esther, Sarah, es en esa otra casa donde se realizaban reuniones en las que se recitaba poesías, cantábamos, y hablábamos mucho. Iban muchos intelectuales, venían los Ferrari, los Rotzait, Laura y el escritor Juan Carlos Onetti, el Arq. Bereterbide, José Gallo y María Rosa Gallo, Alberto Girri, las hermanas Alemann, Luis Seoane y Maruja entre otros.

Era una época de bohemia, todos jóvenes y con muchas ideas a realizar. Ninguno de nosotros podíamos vender una obra, salvo Seoane, Castagnino, Berni o Spilimbergo, pero tuve la fortuna de que mi diseño en la agencia inglesa fuese elegido para la marquilla del cigarrillo Jockey Club y con ese acierto gané muy buen dinero.

Eduardo Jonquieres me consiguió la beca y nos propusimos ir a París con Esther pero cuando estábamos por viajar un hecho desgraciado en la vida de León nos acercó aún mucho más. Su hija Magalí contrajo meningitis y por intermedio de su cuñada y Esther, mi esposa, se averiguó que en Florencia, Italia, habría un sitio donde curaban esa enfermedad. Ellos no tenían dinero para el viaje, en barco era mucho tiempo y no servía, sólo en avión habría seguridad de llegar a tiempo, nosotros nos enteramos por medio del Ing. Rapoport.

Entre los amigos logramos conseguir dinero para que él y su hija viajen, recuerdo como si fuese hoy a León con la niña en brazos cubierta con una frazada yendo a tomar el avión, lograron salvarle la vida, pero quedó sorda.

A pocos días partimos con Esther a París, yo a cursar la beca con André Lothe y mi esposa Gracias a Jonquieres a trabajar en dos hospitales, «el Bichat» y «el de los niños enfermos». Por suerte yo había renunciado a la agencia y contaba con dinero suficiente para dedicarme al arte y no trabajar.

Estando en Paris viajamos a verlo a León en Roma y Florencia, y se logró juntar otra cifra de dinero y al poco tiempo viajo Alicia Italia. También en Paris a expensas de Jonquieres tuvimos una visa social muy rica, ya que en Francia Eduardo había ida a trabajar para la UNESCO y venían a casa Clara James directora de UNESCO, Alicia Pérez Penalba escultora Argentina, Juanita Durge, Julio Cortázar y Aurora Bernárdez escritora y amiga personal de Esther de la época del colegio Liceo. Julio y Aurora nos pidieron que fuésemos sus testigos de bodas y se casaron nomás. Él trabajaba por esa época de traductor y en una radio.

Cuando íbamos a visitar a los Ferrari a Italia nos hacía mucha gracia Marialí quien se había apegado mucho a nosotros, más a mí que a Esther. Yo seguí estudiando con André Lothe y León que estaba muy mal de dinero se había puesto a trabajar, ya sea porque no tuvimos hijos o porque las niñita que había tenido esa terrible dolencia nos ganó el corazón los Ferrari en esa época fueron nuestros protegidos, les ayudamos mucho y con mucho placer.

También ellos eran queridos por todos, León era un hombre muy apreciado, y tal era la confianza y cariño que nos teníamos que León me pidió por favor si podíamos traer de vuelta Alicia y a Maríali que había concluido el tratamiento. Aprovechando el receso de mí estudio, sacamos pasajes para todos en el Augustus y viajamos rumbo a Buenos Aires. Ellas estaban en el camarote contiguo, fue un placer el viaje, llegamos en marzo de 1954, se quedaron un par de días en casa pues Esther llevó a la niña a control y luego volvieron a su casa de Castelar.

Cuando regresamos Esther y yo a París a retomar lo nuestro, a León lo seguimos frecuentando ya que venía a París y se veía con nosotros, Eduardo y Julio Cortázar. En esa época empezó a trabajar en Italia más que nada haciendo cerámicas y nosotros también lo visitamos por allí… Luego volvimos al país, me iba muy bien publicidad vendimos en calle Terrero, hice construir un de edificios y para 1956 con mi amigo Mario Castignani abrimos la agencia «Castignani-Burd publicidad», empresa que superó las expectativas y fue número 2 en Latinoamérica. Tuvimos la publicidad de las empresas más importantes del mundo. Ganábamos mucho dinero y prestigio, teníamos cine, radio, tv diarios y revistas, era fenomenal. Fue una «jaula de oro» para mí, ganaba dinero pero no me quedaba tiempo para pintar, entonces acordé con mi socio ausentarme por 2 o 3 meses a París, durante el verano porteño, todos los años y lo hice casi 20 años seguidos.

En París pintaba, recorría galerías, museos, visitaba talleres de artistas y trabajaba con ellos, incluso con León hice cosas, él se quedó unos años en Italia y volvió en los 60.

En Argentina nosotros nos mudamos a uno de los edificios que construí en calle Arroyo, visitábamos Alicia con la excusa para ver a Maríali y luego cuando volvió León a Argentina, comenzó a tomar relevancia, hizo cosas fenomenales, yo había comenzado a coleccionar arte y le compré varias cosas.

Seguíamos visitándonos, pero entre la gente que frecuentaba en ese momento León (algunos del Di Tella) había un par que no eran de mi agrado. De hecho empezaron a venir los Ferrari a la calle Arroyo más a menudo que nosotros a Castelar.

Había tomado prestigio y estaba con los del Di Tella, también ya se consideraba un artista poco común y genial. Luego del Di Tella yo le pedí obra a León y le compré algunos dibujos y esas cajas con alambres.

En 1975 mi socio Castignani se enfermó de Alzheimer y fue dejando de venir a la agencia, me sobrevino un ataque de pánico y no quise quedarme solo con esa empresa. Teníamos caso 300 empleados y muchísimos clientes, estábamos en Tucumán 825, hubo intentos de venderla pero preferimos cerrarla e indemnizar a la gente.

También vendimos los 2 pisos de la empresa a un banco, hecho esto, compre un departamento más grande en París y nos fuimos a vivir allá, pero al revés de otros tiempos pasaba solo 2 o 3 meses en Buenos Aires y el resto en París. Estando allá me fui enterando por amigos de la Embajada de las persecuciones y secuestros de intelectuales de izquierda en Argentina, y cada vez que hablaba con León por teléfono le sugería que se mude a Europa, ya que él tenía de amigos como yo a Rafael Alberti, Torres Agüero, Fernando Maza, Leopoldo Novoa, Marino di Teana, Luis Seoane y otros.

Pero una vez me confesó que tenía a Ariel «con problemas», no hablaba claro, tenía miedo y que probablemente se iría a Brasil que era más cerca que ir a Europa. Al poco tiempo cayó la peor noticia, le habían matado al hijo, se mudó a Brasil y lo dejé de ver unos años, luego nos vimos un par de veces en París.

Yo seguía viviendo en París 9 meses y en Buenos Aires 2 o 3 meses, León se volvió a Argentina luego de que se fueran los militares del gobierno y nos reencontramos en un departamento de la calle reconquista, creo que al 1000 en un piso tercero donde se realizaban nutridas reuniones y asistencia de varios artistas.

También nuestra casa era visitada entre otras personalidades por Tomasello, Luis Seoane, Rafael Alberti, León Ferrari, Rapaport, Julio Cortázar quien se hospedaba siempre en casa.

Siendo 1983 lo recuerdo a Julio Cortázar que había venido de exprofeso a la asunción de Raúl Alfonsín y lo ignoraron. El Sr. Solari Irigoyen lo ignoró a propósito y Alfonsín nunca se enteró. Cortázar sufrió una gran decepción pero igualmente se quedó unos días por el gran cariño que sentía por Esther. Mi esposa médica especialista en endocrinología lo ayudó en Francia con un tratamiento para mejorar la testosterona que a modo de anécdota dejo de ser lampiño y se dejó la barba.

Luego de estar en calle reconquista, los Ferrari se mudaron a calle Peña, por la plaza Barrientos, a un piso 12 como el nuestro porque les encantaba la vista de mi casa. Pero lo que no les placía eran mis vecinos aristocráticos.

En el nuevo piso de la calle Peña disfrutaban de la vista, ya no iba por suerte tanta gente. En ese lugar fue la última vez que lo vi, fui un día a buscar una campera que me había olvidado en una reunión pasada, lo vi bien y de buen ánimo, quedo en pasar por la fundación a ver la obra del museo y no apareció, luego me enteré que había fallecido.

Fue un duro golpe su partida, se fue un genio… extraño mucho su compañía, su amistad, las eternas conversaciones «de todo un poco», su trasgresión, su originalidad (nunca se pareció a nadie su arte), y los paseos por La Boca. Mi finada esposa lo lamentó tanto o más que yo. Habíamos hablado con él hacer una sala en el museo con sus obras, también con Tomasello, con Arden Quin, Mac Entyre, Iommi y algunos más de los que poseemos trabajos.

Lamentablemente no pudo ver el museo terminado y me enteré que Alicia murió el año pasado, hacía mucho que no hablábamos con ella, creo que desde que enfermó Esther, vamos quedando pocos de mi época, pasa la vida también y la finalización del museo se vió demorada por causas ajenas a mi voluntad. No vale la pena mencionarlo ahora, por suerte con el aporte de inversores y la venta de algunas obras con las que contamos, hemos reiniciado la construcción del mismo que esperamos inaugurarla para mediados del 2019.

Hay gente nueva trabajando por mí y desde ya si la salud me acompaña, pues he cumplido 94 años el 10 de marzo, podré verlo funcionando. Las obras que atesoré de Ferrari se las fui adquiriendo en el transcurso de casi 40 años, las últimas fueron en el 2007, época de la bienal de arte moderno que hicimos en la fundación. Así como adquirí la obra de León tuve y tengo de muchos artistas, siempre me apasionó coleccionar y más cuando plasme la idea de hacer el museo.

Lamentablemente algunas se vendieron, y otras se perdieron, lo adquirido a León lo hice a precios anecdóticos, nunca quiso cobrarme mucho, quizás por nuestra amistad, quizás por gratitud de cosas pasada, no lo sé…

Específicamente entre las obras que tengo, que vendimos y que desaparecieron de la fundación, junto con muchas otras cosas, documentación y papelería, fotograbados, tallas de madera, cajas de alambres, dibujos en tinta, esculturas metálicas, varios libros, fotocopias, algunos muñequitos y cosas que no recuerdo ni tengo anotadas.

Agradezco al maravilloso arte geométrico y a la vida, el haberlo conocido y tenido el privilegio de ser su amigo.

Adiós a un tipo genial.